Chen Chulan, catedrática jubilada, formaba parte del primer grupo de alumnos y es una de las pioneras en difundir la lengua y la cultura española en el gran país asiático.

No tenían libros, ni profesores, ni medios, pero los primeros estudiantes de español de China lo compensaron con entusiasmo patriótico.

Era el verano de 1952, y la joven República Popular creada por Mao Zedong organizaba una conferencia de paz de países de la cuenca del Pacífico, pero no había traductores para los delegados latinoamericanos.

El primer ministro, Zhou Enlai, ordenó a la Escuela de Lenguas Extranjeras organizar clases.

Entonces en China nadie hablaba español, la única persona que encontraron que sabía algo era Meng Fu, que había aprendido un poco como diplomático en Chile.

Los primeros 15 alumnos fueron obligados, Chen laoshi entre ellos, dentro de un grupo de ocho estudiantes avanzados de francés.

No había manuales y sólo se encontró un viejo diccionario español-cantonés editado en Filipinas por misioneros españoles. Chen laoshi, cantonesa, podía entenderlo, pero no la mayoría.

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Meng y Chen Yongyi, un autodidacta que luego sería intérprete de Mao, elaboraron un folleto escrito a mano con expresiones y palabras comunes: “hola”, “buenos días”, “señorita”, “comida”, “¿cómo está usted?…”

A continuación, Meng les enseñó la fonética y las reglas de acentuación en tres horas. Las clases de conversación duraron apenas dos semanas.

La conferencia tuvo lugar en otoño, con 110 delegados latinoamericanos, y aunque los traductores salieron del paso (a menudo usando francés) su español era muy básico.

Tras la conferencia, el primer ministro Zhou ordenó crear programas de español en la universidad y en febrero de 1953 comenzaron las clases, con Chen Chulan a la vez como estudiante avanzada del primer grupo y ayudante de Meng.

Para entonces ya tenían dos manuales de español traídos del Ministerio de Comercio Exterior de la URSS, pero que hubo que traducir del ruso.

Chen laoshi recuerda que el señor Meng dimitió tres veces, deprimido porque los alumnos planteaban dudas que no sabía resolver: las diferencias entre esto/este, ese/eso, qué lógica hay en los verbos irregulares…. Pero el rector siempre le convenció de que su deber patriótico era continuar.

Además, el primer ministro se preocupó mucho por que funcionara. Cuando en 1954 viajó a Ginebra para una conferencia internacional, su secretario personal llamó para preguntar si necesitaban algo. Volvió con una caja de discos de clases de español para el viejo gramófono de la escuela.

Pese a la falta de medios, todos trabajaban con entusiasmo y sacrificio. De allí salieron profesores, embajadores e intérpretes de los líderes chinos.

Tras graduarse en 1956 Chen laoshi siempre enseñó español y llegó a ser catedrática universitaria. Interesándose más por la metodología y la lingüística aplicada. También participó en la elaboración del primer diccionario chino-español, de 1958.

¿Lo más fácil del español? Para ella, la fonética y también la “errrre”, Y lo más difícil, entender cuando hablamos entre nosotros, rápido y con palabras más complicadas.

 

Fuente: EFE Pekín