Lorca, ciudad histórica donde las huellas del pasado son palpables en su castillo. Una alcazaba amurallada en la que las excavaciones arqueológicas han permitido que una judería y su sinagoga abandonen las sombras del olvido, para mostrarnos un lejano pero admirable legado cultural.

Tras su incorporación en la Corona de Castilla, Lorca fue un importante foco de atracción para muchos judíos interesados en las posibilidades que esta tierra fronteriza les ofrecía para prosperar. En aquella época, Lorca era el principal bastión de la frontera castellana con los musulmanes.

La ciudad medieval estaba defendida por una gran muralla y una inexpugnable fortaleza. En su interior se encontraba la judería, hogar de los judíos lorquinos durante más de 2 siglos. Tuvo que ser abandonada en 1492, cuando los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, promulgaron el Edicto de Granada, decreto mediante el que se ordenaba la expulsión de los judíos de sus reinos.

La judería lorquina ha podido ser investigada y recuperada gracias a las excavaciones arqueológicas realizadas desde el año 2002, que han permitido enriquecer, con nuevos datos, la historia de los judíos en España.

La condición de ciudad fronteriza de Lorca favoreció la llegada de una considerable población judía que se fue asentando progresivamente en el castillo, bajo la protección del Rey, trabajando sobre todo en la agricultura y la ganadería, desarrollando labores mercantiles, artesanales y oficios propios de la frontera, como rescatadores de cautivos y traductores del árabe.

La judería se situaba en la mitad oriental del castillo, en una ladera distribuida en terrazas, en la que se han excavado 18 casas, que se conservan alcobas, bancos adosados a los muros, cocinas o alacenas. Del interior de las casas excavadas, procede un importante conjunto de materiales que se conserva en el Museo Arqueológico Municipal de Lorca y que nos acercan a los modos de vida de los judíos. Entre ellos unos candiles propios de la liturgia doméstica hebrea, las ‘janukkias’.

En alguna de estas casas vivieron judíos de cierta influencia en la sociedad lorquina, como el rabino Mose Abenhayon o Abraham Bocha, al que las fuentes históricas mencionan como vecino y morador de la judería del Castillo.

La vida social y religiosa de la judería se entraba en su sinagoga. Visitando sus restos, es fácil comprender la importancia que este edificio tuvo para los judíos lorquinos. El templo lorquino se sitúa a escasos metros de la ermita cristiana dedicada a la advocación de San Clemente y está excavada en el terreno, lo que ha permitido su fosilización y conservación porque según la normativa de la época no podía destacar en altura sobre las iglesias.

Su interior sobrecoge al visitante. En el pequeño vestíbulo de la entrada, tenían lugar las preparaciones previas a la liturgia. Desde aquí se accedía a la gran sala de oración, delimitada por muros a los que adosaron bancos, donde se sentaban los judíos en el momento de la oración. Los restos que se conservan del púlpito de lectura, ‘tebá’, ayudan a visualizar el momento en el que el ‘jazán’ recitaba y desarrollaba la liturgia en dirección al sitio donde se guardaban los rollos de la Torá, el ‘hejal’.

Durante las excavaciones se localizaron en el interior de la sinagoga diversos objetos como un pequeño estilete para el rito de la circuncisión, un ‘yad’ o varilla metálica para señalar la lectura de los textos sagrados y fragmentos de las yeserías que decoraban el nicho del arca de la alianza, además de piezas de cristal y cadenas de lámparas que pendían del techo, monedas del reinado de Enrique III, otras de escudo portugués, un anillo con una inscripción, pilas para las abluciones, diez candiles de ocho brazos para el rito de la Fiesta de las Luces, candiles de cinco puntas, platos de loza decorados en dorado y azul y objetos con la estrella de David.

Junto a la ‘tebá’, se produjo un hallazgo de  gran relevancia, más de 2000 fragmentos de vidrio pertenecientes a unas 50 lámparas, cuyos destellos iluminarían las yeserías que decoraban el muro del ‘hejal’ y los azulejos que lo preceden. Actualmente, este conjunto de lámparas de vidrio, único a nivel mundial, se conserva en el Museo Arqueológico Municipal de Lorca, tras un laborioso proceso de restauración.

Sus muros disponían de rebancos de yeso en todo el perímetro del templo, que todavía se conservan, y en los que los fieles seguían los ritos judíos, aunque las paredes del templo no tenían decoración pintada al fresco, sino que pudieron estar cubiertas con cortinajes, según se desprende de la aparición de clavos.

La sinagoga tuvo capacidad para acoger sentados a unos 70 fieles durante los ritos de lectura de la Torá  y, aunque presenta detalles propios de los templos sefarditas de la misma época, cuenta con otros inéditos hasta ahora en construcciones similares.

En el piso superior de la sinagoga se dispone la sala de mujeres, a la que se accede por una puerta independiente, situada en el lateral izquierdo de la sinagoga.

Al margen de aspectos sociológicos, urbanísticos y domésticos, el legado sefardí en Lorca tiene, desde luego, su punto más interesante en la sinagoga del castillo, un ejemplo único del arte religioso judío en España

La sinagoga de Lorca ha sido la última en sumarse al patrimonio histórico, arquitectónico y cultural judío en España, junto al de otras ciudades con un pasado judío relevante como Toledo, Córdoba, Ávila, Girona, Besalú, Barcelona, Hervás, Cáceres, Segovia y Sevilla.

Multitud de huellas de la España judía se encuentran diseminadas en Europa occidental, en la cuenca mediterránea e incluso en América, allí donde emigraron aquellos judíos que no aceptaron la conversión tras el decreto de expulsión y donde establecieron prósperas juderías como las de Fez y Marrakech, Salónica, Estambul o Esmirna; comunidades que no cortaron los lazos que les unían con España al mantener vivo su recuerdo a través de las tradiciones, la música o el idioma ladino, procedente del castellano medieval.

En el camino de quienes quieran seguir las huellas de la cultura judía en España, Lorca es, por derecho propio, una parada fundamental. Su barrio judío es uno de los pocos descubiertos en el interior de un castillo y su sinagoga presenta un excepcional estado de conservación, gracias a que nunca fue convertida en templo cristiano.

Mejorada con la reconstrucción volumétrica realizada en su restauración, la visita a la judería y la sinagoga lorquina, nos permite también transitar por uno de los castillos más importantes de España, admirando la monumentalidad de las torres Alfonsina y del Espolón, sorprendiéndonos con sus grandes aljibes o disfrutando la visita con todos los servicios y atractivos dispuestos para el visitante.

Un atractivo, al que añadir la visita de la ciudad, para fundirnos en su gastronomía, en sus calles y edificios, en sus fiestas y tradiciones, en una Lorca viva y dinámica que guarda en sí misma las huellas de una historia que nos enseña y nos apasiona.

 

 

Fuente: Lorca Taller del Tiempo (2013)